DANIEL GRAO O LA SENSIBILIDAD DEL MACHO IBERICO

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DANIEL GRAO O LA SENSIBILIDAD DEL MACHO IBERICO

Hoy te presentamos al actor español DANIEL GRAO: Un gran artista que, bajo su aspecto varonil, esconde una profunda sensibilidad. No dejes de leer toda la entrevista si quieres saber más de este chico Almodóvar. ¡Te gustará!

DANIEL GRAO O LA SENSIBILIDAD DEL MACHO IBERICO

Comparte su vida junto a su pareja y dos hijos. ¿Cree Daniel en el amor para toda la vida? "Si lo ves muy a largo plazo, yo como buen acuariano, me asfixio un poco, soy un poco volátil en ese sentido. Pero cuando te sientes en una relación en la que hay cierta libertad entre ambos, en la que cada uno tiene sus espacios, sus hobbies… Creo que eso hace que la cosa esté oxigenada y que pueda durar. Para mí, tener aire es muy vital". No dejes de leer la poética biografía que ha escrito de sí mismo al principio de nuestra entrevista. Te encantará.

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Cuando le digo que parece un marinero del norte de España, se ríe y me dice que ese fue su papel en Julieta. ¡No va muy desencaminada mi intuición como casting director! Jaja.

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Sus hijos han llegado a enseñarle lo que es el amor incondicional: "Es una combinación muy equilibrada entre realismo y fantasía. De alguna forma, ser padre te pone los pies en el suelo. Le da una vuelta entera a tu escala de valores: lo importante es lo importante y lo demás son tonterías. Además, en una profesión como ésta, donde todo es una montaña rusa de emociones, donde vives situaciones tan distintas y dispares, la paternidad es un cable a tierra: llegar a casa y que ellos te cuenten sus cosas, te aterriza todo el tiempo. Por otro lado, hay algo de la creatividad en los niños, siempre desde el juego, que nosotros en esta profesión queremos rescatar pero los niños lo tienen de forma innata y veinticuatro horas al día. Esa combinación me encanta".

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Aunque Daniel Grao nunca soñó con Hollywood, hoy no lo descarta de su futuro. De momento, ya se rindió al encanto de las playas de Málibu.

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Natural como la vida misma... Nos cae bien este Daniel Grao.

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"Soy inconformista por naturaleza… Siempre quiero más y mejor. La cara positiva de eso es que soy exigente conmigo mismo, me cuestiono todo, todo el tiempo. Soy bastante analítico y cuando encuentro situaciones con un denominador común que me rechinan, digo ¿Cómo puedo afrontar yo esto? ¿Cómo puedo aprender de ello? ¿Cómo puedo superarlo?"

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Si quieres saber cómo este protagonista de Almodóvar terminó siendo mi asistente fotográfico, no puedes perderte nuestra entrevista.

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Con esta foto del atardecer, nos despedimos de Dani. Ojala tengamos la fortuna de tenerle de nuevo en la ciudad y el Blog de Los Angeles.

Un día como otro cualquiera me fui a Málibu a pasar la tarde. Esta vez me llevé en el coche a una invitada ilustre, la actriz española Manuela Vellés. De aquel paseo surgió nuestro reciente editorial juntas en el Blog de Los Ángeles que más de uno recordaréis…

Pues bien, trajo a un amigo con ella, un tal DANIEL GRAO, muy majete que diríamos en España, y yo rápido le puse a trabajar, que si sujeta el reflector aquí, que si ilumina por allá… Ahí fue cuando le dijo Manuela: “Quién te iba a decir a ti, después de ser protagonista en una de Almodóvar, que ibas a llegar hasta Hollywood para ser asistente…”

Claro, a mí en ese momento se me heló la espina dorsal y pensé ya la he liao otra vezPorque mis despistes son sonados. Para no extenderme mucho, comentaré sólo aquella vez que llevé a una amiga al aeropuerto porque se mudaba de país, le dí un abrazo y me traje de vuelta a casa todas las cajas de su mudanza en el maletero del coche que tanto nos había costado meter. Ella gritaba con su acento argentino: “¡Gorda! ¡Las valijas! ¡Volvé, gorda!” Mientras yo me alejaba feliz, cantando al volante por la 405 highway…. ESE tipo de despistes. Queda dicho todo.

Volviendo a aquella tarde en Málibu, resultó que este tipo tan de andar por casa llamado Daniel Grao, era un fantástico actor español y el protagonista masculino de “Julieta”, de Pedro Almodóvar: ahí es nada. Pero en fin, la pata estaba metida y, ya que nos pillaba con las manos en la masa, le pregunté que si podía tomarle unos retratos a él también. Muy generosamente, después de dudarlo un poco, me dijo que sí.

Si me quedo con algo de aquel día es, además del recuerdo de sus bonitos ojos verdes, el gusto de descubrir una sensibilidad exquisita, más allá de lo común entre los varones, porque este macho ibérico es todo un hombretón de pelo en pecho y encima, pum, una sensibilidad que te deja muerta. Después, me tropecé con su biografía en su página web y no me queda otra que hacerle un copy-paste. Si después de leerla ya no queréis leer mi entrevista, lo entiendo perfectamente. Es mucho mejor lo que ha escrito él de sí mismo, que lo que yo podría escribir nunca. ¡Ojo que provoca lagrimones!

“Me acuerdo de ir a la bodega de mi barrio en Sabadell

a devolver los “cascos” de las Fantas.

Me acuerdo de lo atrevidos que fueron mis padres

eligiendo los colores de las paredes del piso en el que vivíamos.

Me acuerdo de pasar largos ratos en la noche asomado al balcón,

intentando ver llegar al coche de mi padre a casa.

Me acuerdo que desde la ventana de mi habitación veía una vía de tren perdiéndose en el campo. Sentía que vivía en el límite de algo.

Me acuerdo de escaparme del área vigilada

y jugar en un trigal más alto que yo.

Me acuerdo de la amenaza constante de mi madre de sacarse la zapatilla.

Me acuerdo de la guerra fría de mis padres.

Me acuerdo de la tristeza de los domingos por la tarde.

Me acuerdo de oír en mi cabeza infinitas melodías

y canturrearlas en un idioma inventado.

Me acuerdo del olor a mandarina de mi infancia.

Me acuerdo de darle un beso a mi madre

a través de la tela metálica que delimitaba el patio de mi guardería.

Me acuerdo de soñar despierto con llegar a caballo al colegio

y dejar a todos fascinados.

Me acuerdo de la primera chica que me gustó y lo dulce que olía.

Me acuerdo de poner una y otra vez “Brothers in arms”

de Dire Straits en un viejo radiocasete e imaginar

que daba un concierto en un estadio olímpico.

Me acuerdo de jugar con mi hermana al “barco” o a los “animales”.

Juegos inventados que nos hacían viajar.

Me acuerdo del olor del campo mojado por la lluvia

paseando con mi padre.

Me acuerdo de lo bien que me hacía sentir que mi padre

me invitara a acompañarlo. No hacía falta ni que habláramos.

Me acuerdo de reconocer la tristeza y soledad de mi madre

desde una atracción de feria mientras ella esperaba abajo.

 Me acuerdo de ser un niño serio.

Me acuerdo de mi escuela de interpretación Nancy Tuñón.

Fue mi hogar. Allí el fango de mi juventud se transformó en oro.

La interpretación me salvó la vida.”

¿Eh? ¿Qué os decía? ¡El que se haya emocionado que levante la mano!

Aquí os dejo  nuestra conversación después de las fotos. GRACIAS DANI, ARTISTAZO. Vuelve pronto.

– Daniel, es la primera vez que visitas Los Ángeles, ¿qué te ha parecido mi ciudad?

– Una maravilla, un paraíso. Desde el momento que me bajé del avión, noté una energía muy especial en el aire. Después el clima, el sol, la luz, el mar… Y si le añades que es la cuna de la profesión que amo, me encantó.

– Te entiendo a las mil maravillas.

– Es una ciudad muy grande, donde ocurren muchas cosas, donde hay mucho estrés, no lo dudo, pero hay esa sensación en el aire de que detrás de todo, hay un cierto remanso pacífico.

– ¿Soñaste algún día con venir a Los Ángeles o te verías viviendo aquí en un futuro?

– Sólo desde un corto tiempo para acá. Nunca fue una idea mía o un objetivo, pero desde que empecé a fantasear con la posibilidad, surgió que me llamaron para rodar este corto que vine a grabar aquí de El Alquiler… Fue la excusa perfecta para conocer la ciudad… Y aunque apenas estuve una semana, la experiencia dio mucho de sí, la verdad.

– Vamos, que lo mismo te vemos algún día viviendo por aquí.

– ¡Sí! –y añade riendo- … No seré yo el que vaya a poner ningún obstáculo.

– El inglés, ¿cómo lo llevamos?

– Trabajando en ello… Me ocurre que de pronto me piden algún self-tape la gente de Hollywood y les está gustando el resultado… El feedback que recibo es que están muy bien…. Claro, desconocen el esfuerzo que hay detrás y no saben las horas que de trabajo que le echo para que eso suene bien con mi coach de interpretación de inglés, jajaja… Pero en fin, trataremos de engañarles con mucha credibilidad.

– Al leer otras entrevistas tuyas, incluso en tu misma biografía, siempre comentas que la interpretación te salvó la vida… ¿Tuviste una infancia difícil?

– Más que una infancia difícil, la vida se me puso cuesta arriba en la adolescencia cuando tuvimos que afrontar problemas familiares profundos, justo a una edad cuando más necesitas de los roles paternos. Si la adolescencia en sí ya es difícil para cualquiera, cuando batallas de pronto, por ejemplo, con la ausencia de tu padre… Son situaciones que te restan seguridad. Empecé a flaquear en los estudios, entré en una época confusa sin saber para donde tirar ni que me motivaba… Yo era un poco la esperanza de mi casa, porque se me daban muy bien los estudios, pero al afrontar esa época tan difícil para mí, me perdí, empecé a perder interés por casi todo, hasta que un taller de teatro se cruzó en mi vida, gracias a la suerte enorme de conocer a un profesor de literatura, Jesús Alonso, del cual sigo siendo amigo, que tenía un grupo de teatro los viernes por la tarde fuera del teatro escolar. Se llamaba La Mandrágora y fue mi primerísimo contacto con la actuación… Al tiempito pensé, oye ¿y si de pronto busco una escuela de interpretación y me dedico a esto?

– ¿Cómo logró eso darte paz en esos momentos tan duros de los que hablas?

– De alguna manera, fue algo terapéutico para mí. Había muchos ejercicios de introspección que, por todo lo que yo estaba atravesando en mi vida, me ayudaron muchísimo a canalizar mi tristeza, a entender cosas, a lidiar con mis sentimientos. Los temas difíciles en casa de los que trataba de huir y de los que no quería saber nada, se convirtieron en gasolina para mis ejercicios de teatro, así que llegué a agradecer por todo lo que había pasado. Ya con los años entiendes que todas y cada una de las vivencias que pueda tener un actor van a ser armas más interesantes para tu trabajo. El teatro me dio una dirección hacia la que ir: ya no estaba perdido. Todo ese enjambre, esa maraña negativa de sentimientos que me tiraba para abajo, lo agradecí ya entonces y hasta el día de hoy, de ello se nutren muchos de mis personajes, eso me reconcilió con todos los problemas que había vivido. Fue pasar de negativo a positivo.

– Qué es lo que más disfrutas al actuar…

– La honestidad. Al revés de las connotaciones que pueda tener la palabra actuar, en el sentido de estar fingiendo algo, pensar que “actuar” es como alejarse de la verdad, para mí es al revés: cuando más de verdad soy es cuando actúo, es cuando más honesto soy conmigo y con el mundo. Interpretar a otros personajes te da la posibilidad de que conozcas ciertas partes de ti que toca abrazar sin máscaras. Yo tengo en mi una obsesión con lo que es veraz, con que lo que yo interprete sea real, no fingido: que mi yo esté ocupado con ser ese personaje. Al final, al ser tú quien lo encarna, te obliga a ponerte ahí sin juzgarte, sin máscaras, te hace ver todos esos aspectos que, por mucho que te distancies de tu personaje, en ti siempre hay un poquito de todo eso. Quizá no has sido un asesino a sueldo, pero en algún momento has sentido esa pulsación, esa ira que has sentido ganas de hacer que alguien desapareciera. Igual que en el amor, igual tu historia no es igual que la de tu personaje, pero conoces lo que es el amor, los miedos y echas mano de eso… Cada personaje te invita a conocer un aspecto de ti mismo en profundidad.

– Compartes tu vida con tu mujer y dos hijos… ¿Crees en un amor de para toda la vida? ¿O está complicado el asunto?

– Creo en ello si lo enfocas día a día. Como tantas cosas… Si lo ves muy a largo plazo, yo como buen acuariano, me asfixio un poco, soy un poco volátil en ese sentido. Pero cuando te sientes en una relación en la que hay cierta libertad entre ambos, en la que cada uno tiene sus espacios, sus hobbies… Creo que eso hace que la cosa esté oxigenada y que pueda durar. Para mí, tener aire es muy vital… – Y esta otra acuariana asiente comprensiva.

– Me han encantado las fotos de tus niños en tu cuenta de instagram… ¿Qué ha aportado la paternidad a tu vida?

– Muchísimo, muchísimo… Es una combinación muy equilibrada entre realismo y fantasía. De alguna forma, ser padre te pone los pies en el suelo. Le da una vuelta entera a tu escala de valores: lo importante es lo importante y lo demás son tonterías. Además, en una profesión como ésta, donde todo es una montaña rusa de emociones, donde vives situaciones tan distintas y dispares, la paternidad es un cable a tierra: llegar a casa y que ellos te cuenten sus cosas, te aterriza todo el tiempo. Por otro lado, hay algo de la creatividad en los niños, siempre desde el juego, que nosotros en esta profesión queremos rescatar pero los niños lo tienen de forma innata y veinticuatro horas al día. Esa combinación me encanta.

– ¿Has conocido el amor incondicional a través de ellos?

– Totalmente. Puedo imaginar lo que es el amor incondicional desde que soy padre. No tiene nada que ver con nada.

– ¿Qué es lo que más disfrutas de la experiencia?

– Ese amor que sientes constantemente. Solamente al mirarles, ya sientes un enamoramiento continuo. Es muy distinto al amor de pareja, porque los niños están evolucionando y cambiando minuto a minuto, entonces la relación y el amor nunca es igual. Yo me pillo a mí mismo muchas veces observándoles embelesado, se me cae la baba, como suele decirse: cada día van hablando diferente, van pensando diferente, es una mutación continua… No es sólo porque te quieran a ti de la forma en que se entregan, es que la simple contemplación de ellos te genera muchísimo amor.

– Y aquello que no disfrutas tanto sería…

– Que son muy demandantes y energéticamente, a veces, ya no puedes más… Tratar de sacar adelante el trabajo y después ellos en casa, requiere de mucha energía que a veces es agotadora. Sobre todo, si quieres hacerlo bien, si quieres estar presente en sus vidas.

– Me has dicho que siempre te preguntas que en qué puedes mejorar… En este momento de tu vida ¿en qué sientes tú que puedes ser mejor?

– Pues ya que hablamos de los hijos, porque ellos me lo están enseñando, el estar en el aquí y ahora, en lo que estés en ese momento, con quien estés en ese momento, sin anticipar lo que tienes que hacer, ni en qué vas a vivir… En definitiva, vivir el presente.

– También me has hablado de una búsqueda constante…

-Soy inconformista por naturaleza… Siempre quiero más y mejor. La cara positiva de eso es que soy exigente conmigo mismo, me cuestiono todo, todo el tiempo. Soy bastante analítico y cuando encuentro situaciones con un denominador común que me rechinan, digo ¿Cómo puedo afrontar yo esto? ¿Cómo puedo aprender de ello? ¿Cómo puedo superarlo?

– Y ahora, qué estás buscando…

– Estoy buscando el escucharme más… El quererme más y valorarme más como actor. Siempre he querido dar los mejores resultados para el otro, el equipo, el director, etc. Pero ahora quiero escucharme más a la hora de interpretar a mis personajes y ser más vocal en lo que opino de ellos frente a los demás en los rodajes. Hay algo de querer agradar, que supongo que viene también de la deformación profesional, que quizá en ocasiones me ha hecho llevar a mis personajes en la dirección que han querido los demás sin escuchar yo a mi intuición. Así que ahora busco tener más seguridad en lo que hago y defenderlo. Esto es lo que me gustaría y si nos entendemos bien y si no, no pasa nada. Apostar un poco más por mi manera de ver las cosas…

– Supongo que habrás vivido tu papel con Almodóvar como un antes y un después en tu carrera… ¿O cómo lo has sentido tú?

– Yo lo he vivido más como una culminación de un proceso en mi carrera, de muchos años de esfuerzo y trabajo. La diferencia que yo he sentido es que con la prensa, por ejemplo, hay algo mediático en todo lo que hace Almodóvar que si estás en ese barco, te va a contar. Después, obviamente, la proyección a nivel internacional que te da trabajar con él. Seguro que en Los Ángeles fue un factor importante a la hora de buscar manager y me ha servido mucho. En el trabajo en sí, al final sigues trabajando: es algo más de cara al exterior que en mi vida en sí como actor.

– Para mucha gente, Almodóvar es un genio. En las distancias cortas, ¿has vislumbrado eso que la gente distingue como genialidad en algún momento al trabajar con él?

– Almodóvar tiene una manera única de rodar. Donde verbalicé “este hombre es un genio”, recuerdo habérselo dicho a Adriana Ugarte, fue cuando estábamos rodando, al ver la capacidad de tener absolutamente todo bajo control en su película. Cuando digo todo, digo TODO: desde el vestuario, al color del carmín, a lo separada que está una cortina de la ventana, al tono de tu frase y al movimiento de la cámara: absolutamente todo. Él tiene la película en su cabeza y, tal cual, la rueda. Es abrumadora su capacidad de trabajo. Ya desde la preparación de la película, me acuerdo de las pruebas de vestuario, con un enjambre de personas alrededor pidiéndole su opinión acerca de, desde el color de una moqueta a la localización, a lo que fuera… La verdad es que su capacidad es increíble. Recuerdo que fue un rodaje muy divertido, tiene golpes de humor muy ingeniosos, es un hombre muy inteligente, te hace estar muy despierto, porque se exige mucho, sobretodo a él mismo y quiere que todo el mundo juegue a eso, obviamente. Tengo un recuerdo muy bonito, la verdad.

– De todos los personajes de tu vida, ¿a cuál estás más agradecido o tienes más cariño?

– ¿De teatro puede ser?

– ¡Claro! De lo que quieras.

– Siempre que estás en algo, ese último personaje en el que estás es como con el que estás más encariñado en ese momento porque estás validando todo lo que has aprendido hasta entonces y dices, este, ESTE es mi favorito ¿no?… Pero si tengo que mirar atrás, uno de los personajes que más me han marcado ha sido en el teatro, interpretar a un hombre que además existió de verdad, el apodado tres erres, Rafael Rodríguez Rapún, en la fabulosa obra “La Piedra Oscura”. Pese a haber tenido algunas novias, Rafael fue el último gran amor del poeta Federico García Lorca y el destinatario de sus sonetos del Amor Oscuro. Tuve el gran privilegio de conocer a sus familiares, que vinieron a ver una función y fue muy emotivo. La obra ganó muchos premios y existe la posibilidad de que sea llevada al cine. Maravillosamente escrita por Alberto Conejero, la trama discurre entre este personaje antes de ser ejecutado y el carcelero que le custodia en su celda. La conversación que se da en una madrugada… Tenía muchos ingredientes fascinantes para mí. Para empezar, el mundo gigantesco de Lorca. Y si algo me llevé, es el absurdo de los bandos. Ni siquiera va de la guerra civil española, va de cómo en el amor y en el horror, somos todos lo mismo: seres humanos. Como, frente a algo tan importante y definitivo como la pérdida de la propia vida, los signos y las bandas pierden su sentido y hay dos seres que viven y padecen de la misma manera.

Nació como una obra pequeñita en una pequeña sala para un mes. De pronto, ganamos cinco Premios Max y estuvimos representándola dos años de gira, la llevamos desde París a Londres… Fue uno de esos proyectos que nació muy pequeñito y se hizo inmenso. Hoy por hoy hay una idea de llevarla al cine… Ya hay un guión y está tramitándose.

Desafortunadamente se nos acaba el tiempo… Aunque para ser sinceros, lo que se acabó fue la pila de la grabadora, jajaja… Me quedo con ganas de hablar más con Dani, de hablar así, un poco de todo. Pero qué se va a hacer… Confiemos que el destino nos brinde más ocasiones de tomarnos otra cervecita en Málibu para seguir hablando de la vida y otras cosas sin importancia.

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Entrevista/Fotos: Nunu para NUNU PICTURES

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