JAVIER REY ARRASA EN VELVET: EL DANDY DETRAS DEL MOUSTACHE

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JAVIER REY ARRASA EN VELVET: EL DANDY DETRAS DEL MOUSTACHE

El actor español Javier Rey tiene ya una significativa carrera a sus espaldas, pero ha sido su papel como Mateo en VELVET lo que le ha catapultado a la fama internacional.

JAVIER REY ARRASA EN VELVET: EL DANDY DETRAS DEL MOUSTACHE

¿Qué ha aprendido Javier Rey al interpretar a sus personajes más recientes? "De Diego Pacheco, en Isabel, aprendí que la tozudez no te lleva a ningún lado, que las circunstancias de la vida van cambiando y que hay que amoldarse.... De Alejo de Urso, en Hispania, que los celos son muy malos, y que si te quieren, te quieren, y que si no te quieren, no te quieren, y hay que tirar hacia adelante, porque el amor es así: no se puede obligar a nadie a que te quiera".

JAVIER REY ARRASA EN VELVET: EL DANDY DETRAS DEL MOUSTACHE

"De Mateo he aprendido que hay que echarle un poco de cara a la vida y que a veces lo políticamente correcto, no es lo correcto. Que con educación y con salero, el saber decir bien las cosas, ser sincero no es una falta de respeto para nadie, y para eso, Mateo es un fenómeno".

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"Mi personaje en Velvet, Mateo, es muy buena gente y se muere por sus amigos. Es de los que piensan: "soy tan amigo de mis amigos que aunque ellos cometan las mayores atrocidades, voy a estar ahí por ellos hasta el final" Esto es algo que Miguel Ángel Silvestre y yo hablamos desde el principio de la serie y creo que se traduce bastante bien en la pantalla". Desde luego, la química entre los dos amigos ha conquistado el corazón de los espectadores.

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¿Qué aportó Javier al personaje? "¡El bigote! Me arrepentí cuatro días después, pero ya no tuvo remedio..." Hoy no podemos imaginarnos a Mateo sin su moustache.

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Tiene un look de actor clásico que nos ha cautivado. Risueño y divertido, posa para el Blog De Los Angeles desde el corazón de Madrid en pleno rodaje de Velvet.

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"Haz algo con las manos", le digo a Javier para variar un poco las fotos. Y bromea haciendo con ellas sombras chinescas en la pared. No era exactamente mi idea, pero funciona... ¡Creatividad al poder!

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Tan simpático en la vida real como en la pantalla, hay veces que lloramos de risa entre toma y toma. De todos modos, confiesa ser de lágrima fácil: todavía no ha logrado ver E.T. sin que se le salten las lágrimas.

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Al atractivo actor le encanta mantener al margen de la fama su vida romántica y familiar: "Lo de defender mi vida privada frente a la fama, lo llevo estupendamente bien, son mundos que llevo totalmente separados y sé perfectamente bien donde termina una cosa y empieza la otra".

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Más adelante, ¿se ve casado? ¿con hijos? "Siempre me ha pasado una cosa y es que soy incapaz de predecir el futuro más allá de un mes en adelante, me cuesta mucho. En ese sentido, no lo sé, me dejo llevar, pero lo que pase, será bueno, seguro".

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"Creo que al personaje de Mateo le he metido corazón", dice Javier, y no lo dudamos. Tuvo que abandonar su carrera de enfermería porque le resultaba imposible no llevarse a casa el recuerdo del sufrimiento de los enfermos en los hospitales.

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"Me gustaría hacer personajes bonitos, reales, a los que se les pueda meter cuerpo y alma, que tengan algo que contar y que a mí me puedan transformar", nos dice para despedirse Javier Rey con esta medio sonrisa a lo Clark Gable. ¡Hasta pronto, Javier! ¡Te esperamos en Hollywood!

Javier Rey tiene un no sé qué que qué se yo… Y eso, justamente, es lo que le distingue de los demás actores españoles. Posee ese charm, ese look, digno de los clásicos de Hollywood. El papel de dandy, lo borda. Su simpática y encantadora interpretación de Mateo en la serie VELVET, ha hecho que su nombre empiece a sonar con fuerza entre los castings directors de Los Ángeles, California. Gracias a Netflix, donde hace apenas un mes se estrenó la última temporada de la serie, su proyección internacional ha terminado de conquistar a los Estados Unidos, México y el sur de sus fronteras.

En mi última visita a Madrid, después de tomarle estos retratos en un espacio estupendo que nos prestó la exposición Casa Decor, me di el gustazo de tomarme un café con este tremendo actor en la mítica Plaza de Santa Ana. Coloqué la grabadora para que se detuviera, escondida entre el café y el servilletero. Nada más empezar nuestra conversación, la grabadora se desploma, Javier murmura: “Tú, como espía, no tienes precio…” Y sí. Seguimos riéndonos también después de las fotos porque, por si a alguien le quedaba la duda, aclaro que es igual de simpático en la vida real que en la pantalla. Sólo tiene un defecto: que aún no conoce la costa del Pacífico. Pero nos ha prometido una visita a Los Ángeles, así que, efectivamente, o viene pronto, o le publico un par de fotos que le tomé vizco. Hey, sorry, ya te estamos avisando, que las promesas se cumplen o tomaremos medidas aleatorias.

 

– Javier, ¿cómo te imaginas L.A.?

– Me lo imagino muy soleado, esa es la imagen que tengo. En general, la imagen que se tiene de Estados Unidos, es lo que la industria cinematográfica nos ha vendido ¿no? Por ejemplo, en Nueva York, recorría las calles y parecía que ya las conocía. El cine ha hecho mucho por ese país y precisamente por él estamos unidos de alguna forma a esa cultura americana desde el resto del mundo.

– Vives en el centro de Madrid… ¿Eres más de ciudad o de campo?

– Soy un híbrido de las dos cosas… Crecí en Noia, un pueblo costero de Galicia, entre la montaña y el mar. Afortunadamente, internet en aquél entonces aún no estaba tan potente , así que no éramos críos de estar todo el tiempo frente a una pantalla. Estábamos más bien asalvajados, todo el día haciendo deporte como locos, jugando en la calle y eso lo llevo dentro.

– ¿Cada cuánto regresas a casa?

– Menos de lo que quisiera. Mi familia, cada vez vienen a verme más a mí en vez de ir yo para allá, pero es más que nada una cuestión de trabajo. Los rodajes de Velvet me tienen muy ocupado pero vuelvo a Galicia dos o tres veces al año, eso no me lo quita nadie.

– ¿Qué recuerdos guardas de tu infancia?

– ¡Muchísimos! Aunque casi todos tienen que ver con el ciclismo, mi pasión de siempre, y junto a mi hermano mayor. Sólo somos dos hermanos y siempre ha sido una gran ejemplo para mí. Me siento muy afortunado de haber sido el pequeño, porque he aprendido de él durante sus ensayos en la vida, sus aciertos, sus errores, al observarle aprendí lo que debía o no debía hacer y, con ello, me ahorré bastantes broncas…

– ¿Crees que el hecho de no tener hermanas, te ha influido en la vida en tus relaciones con las mujeres?

-La verdad, ni idea, nunca me lo he planteado.

– ¿Cómo te entró el gusanillo de querer actuar?

– Un poco por casualidad, no fue nada vocacional. Justo cuando me di cuenta que no iba a poder dedicarme al ciclismo profesionalmente…

– Vamos, que te adelantaba siempre Miguel Induráin…

– ¡Uy! No sólo Induráin, más bien cualquiera, y enfatizo “cualquiera” que pasara por mi lado… -asegura riendo-. Tampoco veía nada en los estudios regulados que me gustara mucho, así que estaba yo un poco perdido en aquel momento, tonteando con la idea de ser enfermero y justo, casualidades de la vida, unos amigos se apuntaron a un curso de José Manuel Esperante, ahora buen amigo mío, un actor que iba a impartir un curso de interpretación. Gracias a él me empezó a picar el gusanillo de la actuación: vio algo en mí, me animaba mucho, así que al final decidí abandonar la enfermería, que era hacia donde iban encaminados mis pasos en aquel entonces, y aquí terminé.

– ¿Que te gustaba de ser enfermero?

– La verdad… –se queda pensativo unos segundos- Nada. Me afectaba todo bastante. Me ponía muy mal ver a la gente enferma pasándolo fatal. Creo que hay que tener un carácter muy especial para trabajar en eso. Yo no sé como las personas son capaces de desconectar una vez salen del hospital, supongo que es parte de ser un buen profesional, porque si no, te vas a casa emocionalmente destrozado. Me gusta mucho la gente y, aunque seguramente no hubiera sido el mejor profesional, sí se me daba bien el trato cariñoso con los que estaban pachuchos. Yo era muy empático con la gente y veía cosas que me hacían mucho daño. Me iba a casa machacado.

La sensibilidad del artista…

– ¡Supongo! Cualquiera que se dedique a esto, tiene que tener la sensibilidad a flor de piel.

– Con qué aflora esa sensibilidad tuya.

– Con casi todo. Soy muy emocional y de lágrima fácil. Cuando leo los guiones de la serie, los leo como un nuevo espectador, ¡y hasta lloro con ellos a veces! Fíjate que veo ET y, cada vez que se le enciende el dedo, lloro ,y digo, ¡pero por qué lloro joe, si lo he visto veintiocho veces!

– ¿Qué logra hacer que sonrías?

– Mi familia. Tengo tan poco tiempo para poder estar con ellos, o de disfrutar con mis amigos de siempre en Noia, que estar con ellos me hace muy feliz. Ellos aterrizan un poco la normalidad en mi vida, porque es verdad que este trabajo tiene puntos de no-normalidad, como ya todos sabemos.

– El boom de Velvet en el mundo entero te ha convertido definitivamente en una persona famosa.

– Sí, y estoy aprendiendo a convivir con ello. Yo entiendo que la gente se me acerque y he aprendido que es bonito que valoren tu trabajo. De la misma forma que yo, que he sido tan deportista, los deportistas de élite siempre eran lo máximo para mí y me hubiera encantado conocerles. Ahora trabajo con grandes actores, pero no se me ocurre tirarme a su cuello para felicitarles por su trabajo…-aclara riendo-. Hay un pequeño porcentaje que no sabe medir las distancias y que se piensan que eres como una especie de objeto, en vez de un ser humano y que, de alguna forma, al reconocerte en la calle crees que les perteneces. Eso sí me cuesta entenderlo y se provocan situaciones un poco incómodas de vez en cuando. Pero la mayoría se acercan para decirte cosas muy bonitas. Y eso sí, a cualquiera le gusta que le digan que hace un buen trabajo, ¿no? En cuanto a defender mi vida privada frente a la fama, lo llevo estupendamente bien, llevo esos dos mundos completamente separados y sé perfectamente bien donde termina una cosa y empieza la otra… -Cortón, ya no puedo preguntarle por su novia. Lo siento chicas, pero así están las cosas.

– ¿Pensaste que Velvet llegaría a ser el mega éxito que es hoy cuando te ofrecieron el trabajo por primera vez?

– A partir de la segunda temporada, fue cuando vimos que la cosa se iba de madre… Desde el principio, cuando me enteré de cuál era la productora, con quien ya había trabajado en Hispania y cuando me mencionaron a los directores, que eran muy buenos, incluso había trabajado ya con uno de ellos… Me había leído los primeros guiones y eran fantásticos, me habían contado la evolución de mi personaje y era maravillosa, supe del reparto y dije: esto va a funcionar de maravilla. Pero claro, eso es fácil resumirlo ahora, porque nunca tienes nada asegurado. Ya me había pasado antes, el hecho de que se junte un equipo extraordinario sobre una buena idea y que la cosa no funcione, porque no tiene unos números espectaculares de audiencia. Así que al final, empiezas un proyecto porque confías en él y piensas que va a funcionar. Pero en esta industria no existe una formula mágica, nunca sabes que va a pasar. Con Velvet sí se ha confirmado que es un buen producto finalmente y a la gente le está gustando muchísimo.

– Seguro que todo el mundo te pregunta las mismas cosas… ¿Qué te gustaría que te preguntaran que no te hayan preguntado nunca?

– Pues me encantaría que me preguntaran más por el proceso previo… Cómo me preparo los personajes técnicamente.

– ¿Y cómo te preparas los personajes?

– ¡Me alegra que me hagas esa pregunta! –bromea, y después se queda unos segundos in albis, como si no supiera qué contestar. Los presentes nos partimos de risa– No, no… -se defiende divertido-, es que estoy pensando, porque no hago siempre lo mismo… Por ejemplo, para Mateo, en Velvet, me ha tocado estudiar algo a lo que al final le he cogido gusto, que es la moda. Me informé de todo lo que pude acerca de ella, desde los años veinte hasta la actualidad. Me encerré un mes en mi casa a estudiar, a leer, porque mi personaje sabía muchísimo de moda en un momento además muy concreto en el tiempo, para tener mi propio criterio del tema y dárselo al personaje también. Mateo es todo de cara al exterior, yo quería entender eso, porque en eso precisamente no me parezco nada a él, y quería darle esa superficialidad al personaje, pero a la vez encontrar su lado humano.

– ¿Y cuál es el lado más humano de Mateo?

– Que es muy buena gente y se muere por sus amigos. Mateo es de los de: soy tan amigo de mis amigos que aunque cometan las mayores atrocidades, voy a estar ahí por ellos hasta el final. Es algo que Miguel Ángel Silvestre y yo hablamos desde el principio de la serie, cuando esos primeros guiones empiezan a delinearse y tú no sabes si los siguientes van a ir por ahí o no. ¡Convirtámonos en grandes amigos! Ahora realmente lo somos y así se refleja, creo, en la química que tenemos en la pantalla. Lo conseguimos. Tú trabajas los personajes para que los guionistas lo perciban y lo aprovechen, y al final las cosas cuajan. Se conjuga la magia de los rodajes, lo que es el personaje, lo que tú aportas, lo que atrae al director y a los guionistas… Al final no puedes tomar crédito por nada, es la magia conjunta de un equipo, de interpretar personajes que dan fruto.

– ¿Qué has traído tú personalmente al personaje?

– El bigote, seguro, jajaja… Eso sí, ¡me arrepentí a los cuatro días, te lo digo en serio! Pero en fin, lo propuse yo porque cuando veía y veía fotos de la época, cada diez fotos había tres de un tipo con bigote y no sé, se me metió en la vena…. Además, venía yo de otra serie muy barbudo y con melena larga, así que me ayudaba a huir de ese personaje y acercarme a este. Entendí mi bigote como una llave para mirarme al espejo y ver a Mateo, en vez de verme a mí.

– Y de corazón, ¿qué texturas le has dado a Mateo?

– Uff, ahí me pierdo… Bueno, yo creo que he aportado humanidad, le he metido corazón. Pero vamos, que no es mérito propio, que eso tiene que estar apuntalado por la mirada de tus compañeros… Uno puede proponérselo más consciente o inconscientemente, pero es todo un conjunto el que hace que eso fluya de una manera orgánica y natural, y ahí sí, en esta serie especialmente hay un trabajo de los directores muy, muy bueno.

– Cómo te ves de aquí a unos años…

– No lo sé… Me gustaría hacer personajes bonitos, reales, a los que se les pueda meter cuerpo y alma, que tengan algo que contar y que a mí me puedan transformar. Me fascina la idea de ser diferente en cada proyecto. Quiero convertirme en ese actor que no sea actor de un personaje, ni una categoría de personaje, quiero interpretar un millón diferentes. No sé si en diez, veinte o cincuenta años, me gustaría mirar hacia atrás y ver eso: que mis personajes no se parezcan entre ellos.

– Por ejemplo, de tus últimos tres personajes… ¿Qué has aprendido personalmente de cada uno de ellos?

– De Diego Pacheco, en Isabel, aprendí que la tozudez no te lleva a ningún lado, más bien te lleva a algo muy chungo. Que las circunstancias de la vida van cambiando, que hay que amoldarse y que no hay que tener perjuicios. Hay que ser tolerante en la vida.

De Alejo de Urso, en Hispania, que los celos son muy malos, y que si te quieren, te quieren, y que si no te quieren, no te quieren, y hay que tirar hacia adelante, porque el amor es así: no se puede obligar a nadie a que te quiera.

De Mateo, en Velvet, aprendo cada día un montón de historias… Una de las cosas que estoy aprendiendo de él es que me he dado cuenta de que con mucho morro, se abren muchas puertas en la vida… -comenta riendo-. Que hay que echarle un poco de cara a la vida y que a veces lo políticamente correcto, no es lo correcto. Que con educación y con salero, el saber decir bien las cosas, ser sincero no es una falta de respeto para nadie, y para eso, Mateo es un fenómeno. Creo que esa particularidad enamora mucho del personaje, esa cara dura que tiene, pero con educación. Puedes decirle a alguien de buena fe que sientes que no está haciendo bien las cosas, como un consejo constructivo en vez de hundir al de enfrente.

– En el futuro, ¿te ves casado, con hijos?

– Siempre me ha pasado una cosa y es que soy incapaz de predecir el futuro más allá de un mes en adelante, me cuesta mucho, y en ese sentido, no lo sé, me dejo llevar, pero lo que pase, será bueno, seguro.

– Y para terminar, ¿te veremos entonces por L.A.?

– Sí, lo tengo pensado, porque aquello me atrae muchísimo en general, tengo amigos por allí, también por el trabajo. Demasiados motivos por los que ir, pero muy poco tiempo a causa de los rodajes y, ya que voy, quiero quedarme bastantes días para aprovechar el tiempo, que está muy lejos. Es uno de mis grandes viajes pendientes: Estados Unidos, pero no a la costa que me queda más cerca, sino a la otra.

¡A ésta! A la Pacífica… Entendido, camarada. Muchísima suerte durante los rodajes de Velvet. Mil gracias por tu tiempo. Desde este lado del mundo, esperamos con ansiedad la llegada de los nuevos episodios. Porque yo opino igual que una amiga de Sherman Oaks que es superfan de la serie. Cuando quiere aislarse y conectarse a Netflix y que nadie le llame, nos manda un mensajito al teléfono que SIEMPRE me hace reír: #jesuisvelvet

Moi aussi.

 

Entrevista: Nunu

Fotos: Nunu para www.nunupictures.com

Agradecimientos: Casa Decor


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