ROSARIO MARIN, LA INMIGRANTE POBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DE USA

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ROSARIO MARIN, LA INMIGRANTE POBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DE USA

PARA VER LA GALERIA DE FOTOS, HAZ CLICK EN LA FLECHA DE LA DERECHA.TE PRESENTAMOS A ROSARIO MARIN, LA PRIMERA INMIGRANTE, HOMBRE O MUJER, QUE LLEGO A SER TESORERA DE LOS ESTADOS UNIDOS.

ROSARIO MARIN, LA INMIGRANTE POBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DE USA

¿COMO LLEGO ESTA NIÑA, INMIGRANTE MEXICANA, POBRE Y SIN RECURSOS, A FIRMAR LOS BILLETES DE DOLAR DEL PAIS MAS PODEROSO DEL MUNDO? NO DEJES DE LEER LA INCREIBLE ENTREVISTA QUE ROSARIO MARIN NOS REGALO.

ROSARIO MARIN, LA INMIGRANTE POBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DE USA

ROSARIO MARIN POSA JUNTO A SU ESPOSO, ALVARO "ALEX" MARIN, CON QUIEN LLEVA CASI CUARENTA AÑOS CASADA. LEE EN NUESTRA ENTREVISTA COMO SE CONOCIERON, CUAL ES EL SECRETO PARA QUE SU MATRIMONIO FUNCIONE Y LOS GRAVES REVESES QUE TUVIERON QUE ATRAVESAR UNIDOS.

ROSARIO MARIN, LA INMIGRANTE POBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DE USA

PAPAS DE TRES HIJOS Y ABUELOS DE UN NIETO, EL PRIMOGENITO DE LA PAREJA, ERIK, NACIO CON SINDROME DE DOWN. LO QUE PARECIA UNA TRAGEDIA, FUE LA BENDICION QUE LOGRO QUE SU MAMA, ROSARIO MARIN, CAMBIARA EL MUNDO.

ROSARIO MARIN, LA INMIGRANTE POBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DE USA

NI ALCADESA DE HUNGTINTON PARK, NI HONORES CUM LAUDE,NI EL CARGO DE TESORERA DE ESTADOS UNIDOS: "Mi logro más importante en la vida han sido mis tres hijos y mi matrimonio…. Todos los títulos del mundo, todos los cargos, son temporales, pero la familia es para siempre"

ROSARIO MARIN, LA INMIGRANTE POBRE QUE CAMBIO LA HISTORIA DE USA

UNA VIDA QUE ES TODA INSPIRACION. ROSARIO MARIN ES EL VIVO EJEMPLO DE QUE CON FUERZA, TESON Y FE, CUALQUIER COSA EN LA VIDA ES POSIBLE, AUNQUE EN LOS MOMENTOS DIFICILES, TODO TE INVITE A PENSAR LO CONTRARIO. ¡BRAVO POR TU ENTEREZA! GRACIAS ROSARIO. VUELVE PRONTO A VISITARNOS EN EL BLOG DE LOS ANGELES.

¿Cómo logró una niña que creció en Los Ángeles con muy pocos recursos llegar a firmar los billetes de dólar, la moneda del país más poderoso del mundo? La mexicana ROSARIO MARIN tiene una vida de película… Al verla en la Casa Blanca, dudo que nadie haya imaginado cómo fue la vida de esta mujer antes de convertirse en la primera inmigrante, hombre o mujer, que llegó a ser Tesorera de los Estados Unidos. Qué gran inspiración su ejemplo y qué suerte la mía conocerla, gracias a que Columba Bush, esposa de Jeb, y su hermana Lucilla Schmitz, me advirtieron una vez en Miami: “Si vives en Los Ángeles, no puedes dejar de conocer a nuestra amiga Rosario”.

Rosario Marín nació en México en el seno de una humilde familia. Me confiesa con una sonrisa que de niña no sabía que era pobre, así que nunca sufrió por ello. Fue al llegar a California a los catorce años, que entendió que otro tipo de vida existía. Fue alrededor de esa época cuando, al registrarse en la escuela, le pusieron en la clase más atrasada porque su coeficiente intelectual resultó estar muy por debajo de la media y “no era lo suficientemente inteligente”… ¿Cómo iba a ser de otra forma, si Rosario todavía no hablaba inglés? De todos modos, nadie en su entorno lo vio como algo grave: era mujer, se casaría y no iría a la universidad de todos modos. Así que en casa se haría un esfuerzo sobrehumano para pagar los estudios de su hermano y, si acaso ella quisiera seguir estudiando, siempre podría ir de noche a la escuela y trabajar de día.

Rosario amaba estudiar así que, después de aprender inglés a marchas forzadas, acabó la escuela con honores y con una gran inquietud por continuar su formación, comenzó a trabajar en un banco y a ir a la universidad pública de noche. Le hubieran dado cualquier beca, pero nadie le dijo que eso era posible. Y sí, efectivamente se casó, pero continuó trabajando y estudiando sin descanso. Entonces sucedió algo que cambió radicalmente su vida: Erik, su primer hijo, nació con Síndrome de Down. Para encargarse de él, no le quedó otra que dejar de trabajar y vender su casa porque, sin su sueldo, ya no les alcanzaba para llegar a fin de mes. No sólo le causó un gran dolor el tener que enfrentar la discapacidad de su hijo y perder la casa, también fue devastador para ella tener que abandonar el master en el que había puesto todas sus ilusiones. De la noche a la mañana, los sueños  de su juventud se quebraron por la mitad. Y fue en su segundo embarazo, al morir su hija poco antes de nacer, lo que terminó por hundir su temperamento inquebrantable.

Pero como alguien dijo alguna vez Dios escribe con los renglones torcidos y de aquella época de tinieblas, renació la mujer que terminaría haciendo historia. Hoy, en exclusiva para el Blog de Los Angeles,  Rosario Marín nos habla de todas estas increíbles experiencias en primera persona, nos presenta a su esposo y nos convence de que en esta vida, con tesón, esfuerzo y fe, verdaderamente TODO es posible.

– Rosario, ¿Cuál crees tú que fue la motivación que te inspiró para que una niña en tu situación saliera adelante como lo hiciste? Está claro que fue un cúmulo de cosas las que me ayudaron a llegar hasta donde llegué… Las palabras de aliento de mi abuela que me decía “cuando te vaya muy bien, todo el mérito será tuyo”, o a mis tías cuando me aseguraban “qué inteligente eres” o “verás qué lejos llegas…” Poco a poco y sin yo saberlo, que ellas me valoraran tanto me ayudó a crecer una fuerte autoestima.

– ¿Cuáles son tus recuerdos más queridos de tu infancia en México? Nací en el seno de una familia extraordinariamente humilde pero, como no conocía otra cosa, no sentí entonces que extrañara nada. Durante mi infancia nunca me faltó amor, apoyo o alegría. Me sentía muy especial, por ejemplo, si mi mamá un viernes me invitaba a ir con ella al horno de la esquina. Eso quería decir que íbamos a comer pozole y quesadillas a la casa de nuestra vecina, quien las vendía ahí mismo. Con el tiempo, entendí que mi madre nos llevaba de uno en uno porque no podía pagar lo de todos a la vez… Así que supongo que esa era nuestra versión de salir a un restaurante. De hecho, ahora que lo pienso, ¡nunca salí de niña a ningún restaurante en México! Sólo a probar ese delicioso pozole…

– ¿Y los recuerdos de tu juventud al llegar a Los Ángeles? Llegué a Huntington Park, California, a los catorce años. En mis años de high school no me quedó otra que ajustarme al nuevo mundo y fue un gran aprendizaje. Mis recuerdos más queridos son aquellos que pasé en el grupo joven de la iglesia de San Matías en Acción Católica, así como en los Encounters of Youth Promotion. Siempre fui un miembro muy activo en ambas. Conocí al amor de mi vida, quien es hoy mi esposo, en esos encuentros y la vida nos ha bendecido con grandes amistades que hicimos allí entonces y aún al día de hoy conservamos.

– ¿Qué fue lo más valioso que aprendiste de tus papás, mexicanos inmigrantes en California? Diría que estos fueron los regalos más preciados que ellos me dieron: mi mamá, la fe; mi papá, la ética de trabajo. No recuerdo un solo día en el que mi papá faltara al trabajo, así estuviera enfermo o se estuviera cayendo el cielo. Salía de casa a las cinco de la mañana y regresaba a las seis de la tarde. Siempre me decía: “Si llegas al trabajo en punto, ya vas tarde”. También me recordaba que él era el primero en llegar y el último en irse. Así que de mi padre aprendí a trabajar muy duro. Mi mamá siempre me recordaba que, aunque la noche fuera muy larga y oscura, al final siempre salía el sol. Ese pensamiento me ha salvado en los momentos más difíciles de mi vida.

– ¿Qué te enamoró de tu esposo? Me enamoré de él en el mismo momento en que le escuché hablar en una ceremonia de nuestros Encuentros de Acción Católica. Su forma de comportarse, su elocuencia y su sabiduría iba mucho más allá de su edad. El entonces tenía veinte años y yo diecinueve y supe inmediatamente que me casaría con él. Efectivamente, cuatro años después nos casamos.

– Lleváis casados casi cuarenta ya… ¿Cuál crees tú que sea el secreto para que un matrimonio funcione todo una vida? No hay ningún secreto, es sólo cuestión de echarle ganas. El matrimonio es cuestión de dar y dar… Alex es increíblemente generoso y en los treinta y siete años que llevamos juntos creo que él siempre cedió más que yo. Pero esas pocas veces que él no lo hizo, lo hice yo con tranquilidad y en silencio. El compromiso de mantener un matrimonio unido se hace a diario. Yo elijo amarle cada día y cada cinco años, hacemos una ceremonia para renovar nuestros votos.

– El nacimiento de Erik cambió por completo tu vida… ¿Cómo recuerdas el momento en el que supiste que tu hijo tenía síndrome de down? Averiguar al nacer mi primer hijo que tenía síndrome de down, es simplemente la cosa más dolorosa que he vivido en mi vida. Quería morirme. Quería que él muriera conmigo. Quería que el mundo se acabara. Estaba desesperada, confundida, enojada y aterrorizada. La fuerza que yo no tenía, la encontré en mi madre, así como en el amor y la sabiduría de mi esposo. Podría decirse que Dios me tomó de la mano.

– Y cambió tu vida por completo… Quién me lo iba a decir a mí…. Trabajaba en banca en aquel entonces y a eso soñaba con dedicarme. Pero la llegada de mi hijo cambio el rumbo de mi vida para ayudar a las personas en mis circunstancias o en las de mi hijo y con ello, terminé dedicada al public service.

– Perder a tu segundo bebé fue quizá lo que te marcó del todo en la que fue seguramente la etapa más dura de tu entrada a la madurez… ¿Qué pasaba por tu cabeza? ¿Cuánto tardaste en recobrar fuerzas y cómo lo lograste? Cuando durante mi segundo embarazo perdí a mi bebé víctima del síndrome de Turner, me quedé devastada. Sólo alcanzaba a pensar, “Dios, ¿por qué me castigas así?” Entré en una profunda depresión. Tuve entonces la suerte de conocer a un psicólogo que me dijo:
“Tú no elegiste nada de esto, pero puedes elegir cómo lidiar con ello. Tú decides”, dijo. “Puedes hundirte o puedes nadar”, así que decidí que aprendería a nadar.

– No sólo lograste cambiar la legislatura a favor de los discapacitados en California, por lo que recibiste el prestigioso reconocimiento Rose Fitzgerald Kennedy Prize en las Naciones Unidas. También llegaste a ser, además de alcadesa de Huntington Park, la primera inmigrante, hombre o mujer, en llegar a ser Tesorero de los Estados Unidos… ¿Qué sentiste cuando te ofrecieron un cargo de tal magnitud? Nunca jamás en mi vida hubiera imaginado que un día cualquiera recibiría una llamada del equipo de un presidente de los Estados Unidos para pedirme que considerara el puesto de Treasurer of the United States. Era surrealista, no podía creerlo.

– ¿Qué pasaba por tu corazón el día que juraste tu cargo en la Casa Blanca? En el momento de la investidura, recuerdo mirar a la audiencia que me estaba viendo y específicamente, ver a mi mamá y mi papá, que estaban sentados en la primera fila: una modista y un conserje siendo testigos de cómo su hija tomaba y aceptaba tamaña responsabilidad en el país más poderoso del mundo. Me sentí muy orgullosa de ellos. Su amor y sus sacrificios habían merecido la pena de una manera que ni ellos podrían haber imaginado. Le agradecí a Dios que, en su Infinita sabiduría, me hubiera ido mostrando el camino para llegar hasta allí.

– ¿Es difícil tener una carrera política como mujer en un mundo de hombres? Es difícil en sí superar cualquier evento traumático o ser el primero en algo, en alcanzar algo que nadie bajo tus mismas circunstancias logró antes… Se necesitan agallas y fuerzas, pero también gente que te anime a seguir adelante. Les agradezco a cada una de esas personas las oportunidades que me brindaron en el camino que me sirvieron como peldaños para llegar a la cima.

– ¿Cómo definirías esta locura de ciudad en la que vivimos, tan distinta a todas, la ciudad de Los Ángeles? L.A., incluyendo las ochenta y siete ciudades que la conforman, es una réplica impresionante del mundo en el que vivimos. Su gente, con su infinita diversidad, nos enriquece a todos. Desde luego supone una mezcla difícil a veces, pero prefiero poner los ojos en las increíbles contribuciones que hacemos cada uno de nosotros. Ya sea la comida, la cultura, la religión, el arte o incluso los deportes, no tienes que salir de esta ciudad de Los Angeles para conocer el mundo, tenemos de todo en esta bendita tierra llamada California y, específicamente, en L.A.

– Si no vivieras aquí… ¿Dónde te gustaría vivir? Definitivamente aquí, pero viajaría sin descanso por todos los rincones de la tierra.

– ¿En qué andas en estos momentos de tu vida a nivel profesional? Doy conferencias internacionales como inspirational speaker y, como consecuencia de ello, viajo mucho. También soy consultora de empresas y, lo más importante, soy abuela de Robert Alejandro, mi nieto de dos años.

– ¿Qué me puedes contar de tu amistad con Doña Columba Bush? Dos mexicanas en la Casa Blanca… Columba Bush es una mujer verdaderamente increíble. Tuve el placer de conocerla mientras ejercí como Tesorera de los Estados Unidos y la admiré profundamente desde el primer momento que la conocí. Fui testigo en primera fila del amor que hay entre ella y su esposo, Jeb Bush; de cómo fueron enfrentando juntos las dificultades que afrontaron con su hija Nicole. Me encantó ver, no sólo el amor que se profesan, sino también la hermosa familia que crearon y el cariño y orgullo que sienten por sus dos hijos. Sé bien cuánto Columba aprecia a sus suegros, la Señora Barbara Bush, que en paz descanse, y al presidente, y cuánto le aprecia a ella toda la familia.

– De todos tus logros, ¿de cuál estás más orgullosa y por qué? Mi logro más importante en la vida han sido mis tres hijos y mi matrimonio…. Todos los títulos del mundo, todos los cargos, son temporales, pero la familia es para siempre. Permanecer juntos, ser gente de verdad, auténticos, y vivir una vida con significado y con trascendencia, es algo que uno decide día a día… Pero el premio de tener una familia fuerte y unida es algo que todos los que te rodean lo sienten.

Entrevista/Fotos: Nunu para NUNU PICTURES

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